Estuvo guardada durante años en un cajón. Un cajón en el que
solo cabían ella y su caja de música. La caja, era una caja. Mediana, más
tirando a pequeña. Tenía un par de iniciales grabadas que ahora no recuerdo.
Color marrón oscuro, o tal vez no tanto. Ella estaba dentro, como siempre estuvo.
Pequeña y frágil. Con un tutu rosado, que gracias al polvo se había vuelto gris
claro. Siempre parada, con sus brazos en alto y sus pies en puntillas. Tanto
tiempo guardado en el cajón, hasta que ese día, ese día la música comenzó a
repiquetear otra vez en el silencio absoluto de la habitación.
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