miércoles, 30 de noviembre de 2011

"El mundo habrá acabado de joderse el día en 
que los hombres viajen en primera clase y la 
literatura en el vagón de carga."




-Gabriel García Márquez.

Mil y una confesiones de un desesperado.

Loca, loca, loca. La odio, odio esa forma plural que tiene de mirarme, odio cada latido que su corazón emana en mi nombre. Quizá, yo este equivocado, quizá mis ojos se horrorizan ante su figura perfectamente avasallante, porque de verdad la amo. ¿Y que con eso? ¿Acaso las fronteras ágiles nos impiden estar juntos? ¿Acaso la distancia es la culpable? Que mas da, es perfecta cuando se ríe, aun así, la odio. Y su perfume, por Dios, su perfume, penetra por mis poros y se vuelve parte de mi sangre, me recorre como una catarata desquiciada de poder de punta a punta. Me mira, me mira, ya no la tolero, no quiero que me mire más, esos ojos son mi redención, esos ojos azulados, son hermosos, odiosos, espantosos, tan brillantes. Pero ella, esta allá, y yo estoy aquí. El dolor de amor es penetrante, carcome, funde, punza cada parte de mi fibra muscular. Amo cada detalle de su ser, de su poesía y de su música, es única en un millón, es una sirena del mal, ángel del infierno, por eso, la detesto, su presencia me asquea. Ya no camines, cada uno de tus pasos estremece mis ideas, le da un sentido oscuro a mi vida, pero es tan hermosa cuando camina.
Casi oigo sus pasos, un ritmo terriblemente agradable. ¿Es real? Se siente real. Se siente. Un estremecimiento agudo y brillante como la hoja afilada de un cuchillo de montaña. La carne abriéndose como la roja marea bíblica; un silbido metálico, un corte limpio en el centro, justo en el centro de toda aquella desesperanza. Caigo sobre mis rodillas bajo la imagen benevolente de El Creador. Yo no voy a la iglesia. Yo no tengo religión.  Soy un cobarde, soy un traidor, soy un santo. No sé cuanto tiempo voy a ser capaz de soportar todo este peso. El ritmo se aligera. El redoble de sus pies que golpean con decisión el piso de mármol se amplifican en la totalidad enorme y vacía del claustro. Pienso que ella, basándose en ese ritmo, podría componer millares de canciones hermosas. Pienso que es una lástima que esté demasiado ocupada caminando, para poder escuchar. Pienso que si miro, si llego a mirar; no voy a poder contener el fuego que me sube por la garganta.
Los pasos se acercan a mí. Expulso una llamarada por mi boca, y quema, quema, cada palabra quema. "Creí que dijiste que no ibas a volver", disparo.
"Creí que dijiste que no creías en Dios" susurra ella, y aprieta mi hombro con ligereza, una caricia condescendiente.

No soporto tenerla cerca, la simpleza de su aliento me enamora cada vez mas, no logro descifrar cual es nuestro destino. ¿Que hace ella aquí? Definitivamente quiere aniquilarme de una puñalada en el corazón, y lo esta logrando. Por favor, que no susurre mas, que no lo haga, que no me hiera con palabras amorosas. Su cabello despide un perfume sofocante que me aprisiona en una ergástula muy oscura, en la que yo me dejo encerrar con facilidad. Roza mi rostro, ama verme enojado, lo ama con todo su ser. Quiero correr mi cara, juro que quiero hacerlo, pero el amor me paraliza por completo. Le pertenezco integro, mi corazón, mi mente, mis sentidos llevan adheridos su nombre con tinta indeleble. Es mi religión. Es el mismísimo sol que reverbera en la ventana de mi ventana sombría. Mi cuarto es un pozo ciego sin su brisa matutina. Con ella, o sin ella, ese es el dilema. Con ella mis días son oscuros, mi alma sangra al compás de la novena sinfonía de Beethoven, y sin ella, soy feliz, porque la odio, pero no puedo sonreír, ¿Por que será? No puedo, no puedo soportarlo, arrojaría mi cuerpo al vacío, lo haría con firmeza, y en mi caída libre gritaría su nombre, NO porque la ame, en lo absoluto.
Porque no la amo. No amo cada centímetro de su piel, cada gota de sudor, cada destello diurno de sus ojos insoportables. Si la amara, no me moriría cada vez que me toca, como me está tocando ahora, como me estoy muriendo ahora. Me deslizo como una sombra líquida entre los incontables barrancos de su olor, por Dios, su olor; del tacto de sus dedos (no tan suaves, no tan ásperos, los dedos de una pianista que recrea la música con su alma, y no a la par de una partitura sin magia). Si la amara, el fuego que consume mis entrañas, que me reduce a cenizas a mí y a mis planteos inútiles; ya se hubiese extinguido. El dolor habría desaparecido al fin, sería libre. Como ansío ser libre. No puedo amarla, no puede ser que este sea el amor del que hablan los poetas. Porque si esto es el amor, esto tan parecido al odio; esto que me corrompe, que me arrastra por los pelos, las extremidades y los tendones, a rezar a una religión que desprecio, si esto es el amor, ya no existe salvación para mí. Si ella es el amor, ella, que me mantiene preso, la libertad se convierte en una utopía, un recurso bonito, ficticio e inapelable. Un ideal imposible. Oh, como ansío ser libre.
Ansío mas que nada, liberarme de sus ojos azules, en verdad lo ansío, me arrodillo ante quien sea que se haga llamar 'Dios' y comienzo a rezar oraciones que quizás, aun ni conozco ni conoceré. Creo que después de analizar toda la retórica y estupida teoría de mis sentimientos (si es que existe) he por fin llegado a una conclusión. Soy un masoquista que reclama aire, reclama la rendición eterna de esa amante que es ilusión, esa amante que vibra, late en mis pensamientos, esa amante que me hace arder de furia, de pasión, como la hoguera en la  que me quemo todas las noches, que ella se quema, que nosotros nos quemamos. Conjugo cada sentido para no extrañarla, emano odio, rencor, melancolía, repudio, asco, emano amor, amor en el estado más puro que se ha conocido. Amor de verdad, amor con odio, pero amor en fin. ¿O será odio con amor? Ese flujo interno de neuronas que chispean ansiosas de ella, este corazón idiota que reclama paz, reclama morir, reclama una brújula, me reclama a mi mismo, y se reclama a él. Reclama que yo ame, y sabe que no será así, o tal vez, ya estoy amando demasiado. Mis penas bordean cada milímetro de mi casa, sobrevuelan mi cabeza, resoplan en mi nuca un frío aire de sorpresa. Ella no va a volver. ¿O si? 
No, ella no puede volver. Porque ella nunca se fue. Nunca, nunca; aunque deseé con toda la fuerza de mi ilimitada esperanza que desapareciera de mi cabeza. Ella no se va, se instala en mi vida como siempre, y crece, crece, alimentándose de mi razón como un extravagante monstruo mitológico, una beldad pretérita y parasitaria. 
Me mira, otra vez me esta mirando, me encuentro situado nuevamente en la iglesia, y ella, en frente, sí, es ella, blanca como la nieve, con labios rojos como una rosa ardiente, y esos ojos azules que me escrutan como nunca. Me parece ver un brillo singular en aquellos orbes, un dejo triste, y aún así lascivo. ¿Está llorando? ¿Como se atreve a llorar, ella, que es el origen de mi destrucción? Se acerca peligrosamente, cada vez la repudio un poco mas, no soporto el ardor, en verdad no lo soporto. Tal vez, esto es tan doloroso para ella como lo es para mi. Se sigue acercando, por favor, que alguien la detenga. Y es ahí, cuando la siento, sus labios se apoyan violentamente contra los míos, siento que sangran, derraman lujuria, quema, duele, cierra sus ojos, sigue besándome, lo hace como si nunca lo hubiese hecho, como si sus labios tantas veces gastados se hubieran vuelto vírgenes una vez mas. El fuego de mi cuerpo se vuelve incontrolable, líquido y fluido como las aguas mortíferas de un manantial. Sube por mi garganta, lacera mi lengua, y luego la de ella, y se hunde bajo la curva de su cuello. Los minutos avanzan y avanzan, y ella sigue con su labor de asfixiarme, mientras yo termino de odiarla lo suficiente como para comenzar a amarla limpia y ampliamente, como lo he hecho hasta ahora, ¿Verdad?

Macarena - Camila

ACLARACION: CAMBIE ALGUNAS COSAS, ERRORES DE ORTOGRAFIA, Y COSAS QUE NO TENIAN MUCHO SENTIDO(mias). ESTA SERIA LA VERSION FINAL, LE AGREGE UN TITULO. en caso de estar de acuerdo con las siguientes afirmaciones y no tener nada que objetar, este mensaje se autodestruira por sus propios medios.(borra este parrafito pelotudo, si queda todo asi) Yo cambié algunas otras, corregí algunos errores al azar que encontré, y modifiqué dos o tres boludeces. Fijate y decime :) Ah, puse los colores. Me copan mucho, no sé. Me parecen dos puntos de vista de la misma historia. 

martes, 29 de noviembre de 2011

Loca, loca , loca. La odio, odio esa forma plural que tiene de mirarme, odio cada latido que su corazón emana en mi nombre. Quizá, yo este equivocado, quizá mis ojos se horrorizan ante su figura perfectamente abasallante, porque de verdad la amo. Y que con eso? acaso las fronteras ágiles nos impiden estar juntos? acaso la distancia es la culpable? Que mas da, es perfecta cuando se ríe, aun así, la odio. Y su perfume, por Dios, su perfume, penetra por mis poros y se vuelve parte de mi sangre, me recorre como una catarata desquiciada de poder de punta a punta. Me mira, me mira, ya no la tolero, no quiero que me mire mas, esos ojos son mi redención, esos ojos azulados, son hermosos, odiosos, espantosos, tan brillantes. Pero ella, esta allá, y yo estoy aquí. El dolor de amor es penetrante, carcome, funde, punza cada parte de mi fibra muscular. Amo cada detalle de su ser, de su poesía y de su música, es única en un millón, es una sirena del mal, ángel del infierno, por eso, la detesto, su presencia me asquea. Ya no camines, cada uno de tus pasos estremece mis ideas, le da un sentido oscuro a mi vida, pero es tan hermosa cuando camina.
Casi oigo sus pasos, un ritmo terriblemente agradable. ¿Es real? Se siente real. Se siente. Un estremecimiento agudo y brillante como la hoja afilada de un cuchillo de montaña. La carne abriéndose como la roja marea bíblica; un silbido metálico, un corte limpio en el centro, justo en el centro de toda aquella desesperanza. Caigo sobre mis rodillas bajo la imagen benevolente de El Creador. Yo no voy a la iglesia. Yo no tengo religión.  Soy un cobarde, soy un traidor, soy un santo. No sé cuanto tiempo voy a ser capaz de soportar todo este peso. El ritmo se aligera. El redoble de sus pies que golpean con decisión el piso de mármol se amplifican en la totalidad enorme y vacía del claustro. Pienso que ella, basándose en ese ritmo, podría componer millares de canciones hermosas. Pienso que es una lástima que esté demasiado ocupada caminando, para poder escuchar. Pienso que si miro, si llego a mirar; no voy a poder contener el fuego que me sube por la garganta.
Los pasos se acercan a mi. Expulso una llamarada por mi boca, y quema, quema, cada palabra quema. "Creí que dijiste que no ibas a volver", disparo.
"Creí que dijiste que no creías en Dios" susurra ella, y aprieta mi hombro con ligereza, una caricia condescendiente.
No soporto tenerla cerca, la simpleza de su aliento me enamora cada vez mas, no logro descifrar cual es nuestro destino. Que hace ella aquí? Definitivamente quiere aniquilarme de una puñalada en el corazón, y lo esta logrando. Por favor, que no susurre mas, que no lo haga, que no me hiera con palabras amorosas. Su cabello despide un perfume sofocante que me aprisiona en una cárcel muy oscura, en la que yo me dejo encerrar con facilidad. Roza mi rostro, ama verme enojado, lo ama con todo su ser. Quiero correr mi cara, juro que quiero hacerlo, pero el amor me paraliza por completo. Le pertenezco integro, mi corazón, mi mente, mis sentidos llevan adheridos su nombre. Es mi religión. Es el mismísimo sol que reverbera en la ventana de mi ventana sombría. Mi cuarto es un pozo ciego sin su brisa matutina. Con ella, o sin ella, ese es el dilema. Con ella mis días son oscuros, mi alma sangra al compás de la novena sinfonía de Beethoven, y sin ella, soy feliz, porque la odio, pero no puedo sonreír, ¿Por que sera? No puedo, no puedo soportarlo, arrojaría mi cuerpo al vacío, lo haría con firmeza, y en mi caida libre gritaria su nombre, NO porque la ame, en lo absoluto.

Porque no la amo. No amo cada centímetro de su piel, cada gota de sudor, cada destello diurno de sus ojos insoportables. Si la amara, no me moriría cada vez que me toca, como me está tocando ahora, como me estoy muriendo ahora. Me deslizo como una sombra líquida entre los incontables barrancos de su olor, por Dios, su olor; del tacto de sus dedos (no tan suaves, no tan ásperos, los dedos de una pianista que recrea la música con su alma, y no a la par de una partitura sin magia). Si la amara, el fuego que consume mis entrañas, que me reduce a cenizas a mí y a mis planteos inútiles; ya se hubiese extinguido. El dolor habría desaparecido al fin, sería libre. Como ansío ser libre. No puedo amarla, no puede ser que este sea el amor del que hablan los poetas. Porque si esto es el amor, esto tan parecido al odio; esto que me corrompe, que me arrastra por los pelos, las extremidades y los tendones, a rezar a una religión que desprecio, si esto es el amor, ya no existe salvación para mí. Si ella es el amor, ella, que me mantiene preso, la libertad se convierte en una utopía, un recurso bonito, ficticio e inapelable. Un ideal imposible. Oh, como ansío ser libre.
Ansio mas que nada, liberarme de sus ojos azules, en verdad lo ansio, me arrodillo ante quien sea que se haga llamar 'Dios' y comienzo a rezar oraciones que quiza, aun ni conozco ni conocere. Creo que despues de analizar toda mi retorica y estupida teoria de mis sentimientos(si es que existe) he por fin llegado a una conclusion. Soy un masoquista que reclama aire, reclama la rendicion eterna de esa amante que es ilusion, esa amante que vibra, late en mis pensamientos, esa amante que me hace arder de furia, de pasion, como la hoguera que me quemo todas las noches, que ella se quema, que nosotros nos quemamos. Conjugo cada sentido para no extrañarla, emano odio, rencor, melancolia, repudio, asco, emano amor, amor en el estado mas puro que se ha conocido. Amor de verdad, amor con odio, pero amor en fin. O sera odio con amor? Ese flujo interno de neuronas que chispean ansiosas de ella, este corazon idiota que reclara paz, reclama morir, reclama una brujula, me reclama a mi mismo, y se reclama a el. Reclama que yo ame, y sabe que no sera asi, o tal vez, ya estoy amando demasiado. Mis penas bordean cada milimetro de mi casa, sobrevuelan mi cabeza, resoplan en mi nuca un frio aire de sorpresa. Ella no volvera. O si? 
Me mira, otra vez me esta mirando, me encuentro situado nuevamente en la iglesia, y ella, en frente, si, es ella, blanca como la nieve, con labios rojos con una rosa ardiente, y esos ojos azules que me escrutan como nunca. Se acerca peligrosamente, cada vez la repudio un poco mas, no soporto el ardor, en verdad no lo soporto. Se sigue acercando, por favor, que alguien la detenga. Y es ahi, cuando la siento, sus labios se apoyan violentamente contra los mios, siento que sangran, derraman lujuria, quema, duele, cierra sus ojos, sigue besandome, lo hace como si nunca lo hubiese hecho, como si sus labios usados se han vuelto virgenes una vez mas. Los minutos avanzan y avanzan, y ella sigue con su labor de amarme, mientras yo termino de odiarla lo suficiente como para comenzar a amarla limpia y apliamente.  

lunes, 21 de noviembre de 2011


Cam... dice:
Me caí
Maca. • dice:
levantate
Cam... dice:
siempre.

-Sos hermosa cuando te enojas. –la piropeó, con una media sonrisa socarrona impresa en sus facciones sin falla, perfectas. El hijo de puta era perfecto.
Ella entornó los ojos; y lo observó, incrédula, por encima del cañón de la pistola. Se planteó si deseaba realmente borrar esa expresión desafiante, si valía la pena; desarrolló minuciosamente los pros y contras de cargarse a ese pelotudo. Finalmente, bajó el arma y negó con la cabeza. Era un idiota, pero no merecía ser agregado a la lista de fantasmas que yacían, inmóviles pero ruidosos; en algún cajón mugroso de su mente.
Giró en seco, y caminó fuera de la habitación; masticando pedazos de ira curtida como cuero. Imaginó, en cada paso que daba, la sonrisa de dientes parejos y blancos adquiriendo un brillo triunfal. Escuchó el sonido sordo de sus pesadas botas sobre la alfombra hinchada de polvo, recitando algún inútil mantra de control.  Al llegar al umbral, se dio vuelta sin poder evitarlo; y, a pesar de su inesperada conciencia, le quitó el seguro al arma, y apretó el gatillo.
Sin verificar si su puntería había sido igual de certera que siempre; cerró la puerta detrás de sí, dejando a un atónito Gabriel examinando alternadamente el raspón que había producido la bala; apenas rozándole el hombro, y la misma bala, encastrada en la pared.

En los sucesivos años, Gabriel observaría el agujero dejado por la bala en la pared; que le recordaría dos cosas importantes que no debía olvidar. La primera, que en ese lugar la belleza no valía absolutamente nada. Y la segunda, que meterse con ella era una mala idea.

Camila.




viernes, 18 de noviembre de 2011



"...No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas esta Dios, que acecha".
Jorge Luis Borges
 

viernes, 11 de noviembre de 2011

Llega la musica
entra en tu cuerpo
te eleva y posee,
ne te resistes.

Tu corazon vaga,
vaga entre la musica
y el aire, el aire
y la voz.

Dejate llevar,
deja que tus pies se desprendan del suela,
y vuela por el cielo,
te sientes vivo.

Lagrimas , alegrias
sonries, cierras los ojos,
estas dentro,
no puedes salir.

Enredó tu ser y tu alma
lo hizo sin precaucion alguna,
y en un suspiro ya eres uno mas,
uno mas de la partitura.
Macarena.

Este poema es hermoso, pero ella nunca lo va a admitir, así que lo digo yo: Brillante. 

Camila.

jueves, 10 de noviembre de 2011


Capítulo 7



    Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortazar

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Milonga de Jacinto Chiclana
 
    Me acuerdo. Fue en Balvanera,
 
En una noche lejana
 
Que alguien dejó caer el nombre
 
De un tal Jacinto Chiclana.
 
 
 
Algo se dijo también
 
De una esquina y de un cuchillo;
 
Los años nos dejan ver
 
El entrevero y el brillo.
 
 
 
Quién sabe por qué razón
 
Me anda buscando ese nombre;
 
Me gustaría saber
 
Cómo habrá sido aquel hombre.
 
 
 
Alto lo veo y cabal,
 
Con el alma comedida,
 
Capaz de no alzar la voz
 
Y de jugarse la vida.
 
 
 
Nadie con paso más firme
 
Habrá pisado la tierra;
 
Nadie habrá habido como él
 
En el amor y en la guerra.
 
 
 
Sobre la huerta y el patio
 
Las torres de Balvanera
 
Y aquella muerte casual
 
En una esquina cualquiera.
 
 
 
No veo los rasgos. Veo,
 
Bajo el farol amarillo,
 
El choque de hombres o sombras
 
Y esa víbora, el cuchillo.
 
 
 
Acaso en aquel momento
 
En que le entraba la herida,
 
Pensó que a un varón le cuadra
 
No demorar la partida.
 
 
 
Sólo Dios puede saber
 
La laya fiel de aquel hombre;
 
Señores, yo estoy cantando
 
Lo que se cifra en el nombre.
 
 
 
Entre las cosas hay una
 
De la que no se arrepiente
 
Nadie en la tierra. Esa cosa
 
Es haber sido valiente.
 
 
 
Siempre el coraje es mejor,
 
La esperanza nunca es vana,
 
Vaya pues esta milonga
 
Para Jacinto Chiclana.
"No habrá nunca una puerta. Estás adentro
Y el alcázar abarca el universo
Y no tiene ni
anverso ni reverso
Ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
Que tercamente se bifurca en otro,
Tendrá fin. Es de
hierro tu destino
Como tu juez. No aguardes la embestida
Del toro que es un hombre y cuya extraña
Forma plural da horror a la maraña
De interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
En el negro crepúsculo la fiera."