Loca, loca , loca. La odio, odio esa forma plural que tiene de mirarme, odio cada latido que su corazón emana en mi nombre. Quizá, yo este equivocado, quizá mis ojos se horrorizan ante su figura perfectamente abasallante, porque de verdad la amo. Y que con eso? acaso las fronteras ágiles nos impiden estar juntos? acaso la distancia es la culpable? Que mas da, es perfecta cuando se ríe, aun así, la odio. Y su perfume, por Dios, su perfume, penetra por mis poros y se vuelve parte de mi sangre, me recorre como una catarata desquiciada de poder de punta a punta. Me mira, me mira, ya no la tolero, no quiero que me mire mas, esos ojos son mi redención, esos ojos azulados, son hermosos, odiosos, espantosos, tan brillantes. Pero ella, esta allá, y yo estoy aquí. El dolor de amor es penetrante, carcome, funde, punza cada parte de mi fibra muscular. Amo cada detalle de su ser, de su poesía y de su música, es única en un millón, es una sirena del mal, ángel del infierno, por eso, la detesto, su presencia me asquea. Ya no camines, cada uno de tus pasos estremece mis ideas, le da un sentido oscuro a mi vida, pero es tan hermosa cuando camina.
Casi oigo sus pasos, un ritmo terriblemente agradable. ¿Es real? Se siente real. Se siente. Un estremecimiento agudo y brillante como la hoja afilada de un cuchillo de montaña. La carne abriéndose como la roja marea bíblica; un silbido metálico, un corte limpio en el centro, justo en el centro de toda aquella desesperanza. Caigo sobre mis rodillas bajo la imagen benevolente de El Creador. Yo no voy a la iglesia. Yo no tengo religión. Soy un cobarde, soy un traidor, soy un santo. No sé cuanto tiempo voy a ser capaz de soportar todo este peso. El ritmo se aligera. El redoble de sus pies que golpean con decisión el piso de mármol se amplifican en la totalidad enorme y vacía del claustro. Pienso que ella, basándose en ese ritmo, podría componer millares de canciones hermosas. Pienso que es una lástima que esté demasiado ocupada caminando, para poder escuchar. Pienso que si miro, si llego a mirar; no voy a poder contener el fuego que me sube por la garganta.
Los pasos se acercan a mi. Expulso una llamarada por mi boca, y quema, quema, cada palabra quema. "Creí que dijiste que no ibas a volver", disparo.
"Creí que dijiste que no creías en Dios" susurra ella, y aprieta mi hombro con ligereza, una caricia condescendiente.
No soporto tenerla cerca, la simpleza de su aliento me enamora cada vez mas, no logro descifrar cual es nuestro destino. Que hace ella aquí? Definitivamente quiere aniquilarme de una puñalada en el corazón, y lo esta logrando. Por favor, que no susurre mas, que no lo haga, que no me hiera con palabras amorosas. Su cabello despide un perfume sofocante que me aprisiona en una cárcel muy oscura, en la que yo me dejo encerrar con facilidad. Roza mi rostro, ama verme enojado, lo ama con todo su ser. Quiero correr mi cara, juro que quiero hacerlo, pero el amor me paraliza por completo. Le pertenezco integro, mi corazón, mi mente, mis sentidos llevan adheridos su nombre. Es mi religión. Es el mismísimo sol que reverbera en la ventana de mi ventana sombría. Mi cuarto es un pozo ciego sin su brisa matutina. Con ella, o sin ella, ese es el dilema. Con ella mis días son oscuros, mi alma sangra al compás de la novena sinfonía de Beethoven, y sin ella, soy feliz, porque la odio, pero no puedo sonreír, ¿Por que sera? No puedo, no puedo soportarlo, arrojaría mi cuerpo al vacío, lo haría con firmeza, y en mi caida libre gritaria su nombre, NO porque la ame, en lo absoluto.
Porque no la amo. No amo cada centímetro de su piel, cada gota de sudor, cada destello diurno de sus ojos insoportables. Si la amara, no me moriría cada vez que me toca, como me está tocando ahora, como me estoy muriendo ahora. Me deslizo como una sombra líquida entre los incontables barrancos de su olor, por Dios, su olor; del tacto de sus dedos (no tan suaves, no tan ásperos, los dedos de una pianista que recrea la música con su alma, y no a la par de una partitura sin magia). Si la amara, el fuego que consume mis entrañas, que me reduce a cenizas a mí y a mis planteos inútiles; ya se hubiese extinguido. El dolor habría desaparecido al fin, sería libre. Como ansío ser libre. No puedo amarla, no puede ser que este sea el amor del que hablan los poetas. Porque si esto es el amor, esto tan parecido al odio; esto que me corrompe, que me arrastra por los pelos, las extremidades y los tendones, a rezar a una religión que desprecio, si esto es el amor, ya no existe salvación para mí. Si ella es el amor, ella, que me mantiene preso, la libertad se convierte en una utopía, un recurso bonito, ficticio e inapelable. Un ideal imposible. Oh, como ansío ser libre.
Ansio mas que nada, liberarme de sus ojos azules, en verdad lo ansio, me arrodillo ante quien sea que se haga llamar 'Dios' y comienzo a rezar oraciones que quiza, aun ni conozco ni conocere. Creo que despues de analizar toda mi retorica y estupida teoria de mis sentimientos(si es que existe) he por fin llegado a una conclusion. Soy un masoquista que reclama aire, reclama la rendicion eterna de esa amante que es ilusion, esa amante que vibra, late en mis pensamientos, esa amante que me hace arder de furia, de pasion, como la hoguera que me quemo todas las noches, que ella se quema, que nosotros nos quemamos. Conjugo cada sentido para no extrañarla, emano odio, rencor, melancolia, repudio, asco, emano amor, amor en el estado mas puro que se ha conocido. Amor de verdad, amor con odio, pero amor en fin. O sera odio con amor? Ese flujo interno de neuronas que chispean ansiosas de ella, este corazon idiota que reclara paz, reclama morir, reclama una brujula, me reclama a mi mismo, y se reclama a el. Reclama que yo ame, y sabe que no sera asi, o tal vez, ya estoy amando demasiado. Mis penas bordean cada milimetro de mi casa, sobrevuelan mi cabeza, resoplan en mi nuca un frio aire de sorpresa. Ella no volvera. O si?
Me mira, otra vez me esta mirando, me encuentro situado nuevamente en la iglesia, y ella, en frente, si, es ella, blanca como la nieve, con labios rojos con una rosa ardiente, y esos ojos azules que me escrutan como nunca. Se acerca peligrosamente, cada vez la repudio un poco mas, no soporto el ardor, en verdad no lo soporto. Se sigue acercando, por favor, que alguien la detenga. Y es ahi, cuando la siento, sus labios se apoyan violentamente contra los mios, siento que sangran, derraman lujuria, quema, duele, cierra sus ojos, sigue besandome, lo hace como si nunca lo hubiese hecho, como si sus labios usados se han vuelto virgenes una vez mas. Los minutos avanzan y avanzan, y ella sigue con su labor de amarme, mientras yo termino de odiarla lo suficiente como para comenzar a amarla limpia y apliamente.
Casi oigo sus pasos, un ritmo terriblemente agradable. ¿Es real? Se siente real. Se siente. Un estremecimiento agudo y brillante como la hoja afilada de un cuchillo de montaña. La carne abriéndose como la roja marea bíblica; un silbido metálico, un corte limpio en el centro, justo en el centro de toda aquella desesperanza. Caigo sobre mis rodillas bajo la imagen benevolente de El Creador. Yo no voy a la iglesia. Yo no tengo religión. Soy un cobarde, soy un traidor, soy un santo. No sé cuanto tiempo voy a ser capaz de soportar todo este peso. El ritmo se aligera. El redoble de sus pies que golpean con decisión el piso de mármol se amplifican en la totalidad enorme y vacía del claustro. Pienso que ella, basándose en ese ritmo, podría componer millares de canciones hermosas. Pienso que es una lástima que esté demasiado ocupada caminando, para poder escuchar. Pienso que si miro, si llego a mirar; no voy a poder contener el fuego que me sube por la garganta.
Los pasos se acercan a mi. Expulso una llamarada por mi boca, y quema, quema, cada palabra quema. "Creí que dijiste que no ibas a volver", disparo.
"Creí que dijiste que no creías en Dios" susurra ella, y aprieta mi hombro con ligereza, una caricia condescendiente.
No soporto tenerla cerca, la simpleza de su aliento me enamora cada vez mas, no logro descifrar cual es nuestro destino. Que hace ella aquí? Definitivamente quiere aniquilarme de una puñalada en el corazón, y lo esta logrando. Por favor, que no susurre mas, que no lo haga, que no me hiera con palabras amorosas. Su cabello despide un perfume sofocante que me aprisiona en una cárcel muy oscura, en la que yo me dejo encerrar con facilidad. Roza mi rostro, ama verme enojado, lo ama con todo su ser. Quiero correr mi cara, juro que quiero hacerlo, pero el amor me paraliza por completo. Le pertenezco integro, mi corazón, mi mente, mis sentidos llevan adheridos su nombre. Es mi religión. Es el mismísimo sol que reverbera en la ventana de mi ventana sombría. Mi cuarto es un pozo ciego sin su brisa matutina. Con ella, o sin ella, ese es el dilema. Con ella mis días son oscuros, mi alma sangra al compás de la novena sinfonía de Beethoven, y sin ella, soy feliz, porque la odio, pero no puedo sonreír, ¿Por que sera? No puedo, no puedo soportarlo, arrojaría mi cuerpo al vacío, lo haría con firmeza, y en mi caida libre gritaria su nombre, NO porque la ame, en lo absoluto.
Porque no la amo. No amo cada centímetro de su piel, cada gota de sudor, cada destello diurno de sus ojos insoportables. Si la amara, no me moriría cada vez que me toca, como me está tocando ahora, como me estoy muriendo ahora. Me deslizo como una sombra líquida entre los incontables barrancos de su olor, por Dios, su olor; del tacto de sus dedos (no tan suaves, no tan ásperos, los dedos de una pianista que recrea la música con su alma, y no a la par de una partitura sin magia). Si la amara, el fuego que consume mis entrañas, que me reduce a cenizas a mí y a mis planteos inútiles; ya se hubiese extinguido. El dolor habría desaparecido al fin, sería libre. Como ansío ser libre. No puedo amarla, no puede ser que este sea el amor del que hablan los poetas. Porque si esto es el amor, esto tan parecido al odio; esto que me corrompe, que me arrastra por los pelos, las extremidades y los tendones, a rezar a una religión que desprecio, si esto es el amor, ya no existe salvación para mí. Si ella es el amor, ella, que me mantiene preso, la libertad se convierte en una utopía, un recurso bonito, ficticio e inapelable. Un ideal imposible. Oh, como ansío ser libre.
Ansio mas que nada, liberarme de sus ojos azules, en verdad lo ansio, me arrodillo ante quien sea que se haga llamar 'Dios' y comienzo a rezar oraciones que quiza, aun ni conozco ni conocere. Creo que despues de analizar toda mi retorica y estupida teoria de mis sentimientos(si es que existe) he por fin llegado a una conclusion. Soy un masoquista que reclama aire, reclama la rendicion eterna de esa amante que es ilusion, esa amante que vibra, late en mis pensamientos, esa amante que me hace arder de furia, de pasion, como la hoguera que me quemo todas las noches, que ella se quema, que nosotros nos quemamos. Conjugo cada sentido para no extrañarla, emano odio, rencor, melancolia, repudio, asco, emano amor, amor en el estado mas puro que se ha conocido. Amor de verdad, amor con odio, pero amor en fin. O sera odio con amor? Ese flujo interno de neuronas que chispean ansiosas de ella, este corazon idiota que reclara paz, reclama morir, reclama una brujula, me reclama a mi mismo, y se reclama a el. Reclama que yo ame, y sabe que no sera asi, o tal vez, ya estoy amando demasiado. Mis penas bordean cada milimetro de mi casa, sobrevuelan mi cabeza, resoplan en mi nuca un frio aire de sorpresa. Ella no volvera. O si?
Me mira, otra vez me esta mirando, me encuentro situado nuevamente en la iglesia, y ella, en frente, si, es ella, blanca como la nieve, con labios rojos con una rosa ardiente, y esos ojos azules que me escrutan como nunca. Se acerca peligrosamente, cada vez la repudio un poco mas, no soporto el ardor, en verdad no lo soporto. Se sigue acercando, por favor, que alguien la detenga. Y es ahi, cuando la siento, sus labios se apoyan violentamente contra los mios, siento que sangran, derraman lujuria, quema, duele, cierra sus ojos, sigue besandome, lo hace como si nunca lo hubiese hecho, como si sus labios usados se han vuelto virgenes una vez mas. Los minutos avanzan y avanzan, y ella sigue con su labor de amarme, mientras yo termino de odiarla lo suficiente como para comenzar a amarla limpia y apliamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario