lunes, 23 de enero de 2012


Me pediste que te amara. Éramos jóvenes, y nos sentíamos exuberantes, repletos de esperanza. El amor se revelaba ante nosotros como una idea abstracta, un bonito concepto literario de definición incierta que apenas podíamos abarcar. Era pasmosamente fácil para vos, en ese momento, rogarme que te quisiera; y más fácil aún, para mi, prometerte que lo haría. Y, como mis insensatos padres me criaron con los ideales de un hidalgo del siglo XIX (doscientos años después, y viviendo en la pestilente ciudad en la cual vivíamos), todavía no rompí mi promesa. Sí, todavía te amo.
A veces el inexorable paso del tiempo se vuelve un detalle que puedo ignorar. Me levanto de la cama y apenas noto la puntada que lacera mi cintura cuando me inclino para acomodar la sábana sobre tu espalda desnuda. Te miro dormir, y los recuerdos se mezclan en mi mente, se ponen borrosos, indistinguibles. No sé si esta noche que compartimos es una de invierno, o de verano; si nos encontramos en Barcelona o en Rosario; si tenemos veinte años y apenas nos conocemos; o cincuenta, y esperamos la llegada de nuestro primer nieto. Tampoco me importa. 
Claro, nada me importa. Como puede algo importarme si estas asi. Respiras, muy densamente. Los vestigios de las ultimas horas de asfixian, de manera dulce, no agresiva. Tal vez pienso en la inmensidad de nuestro futuro. Esa inmensidad que tendría la facilidad de convertirse en nada de un segundo a otro. Pienso en esos ojos negros, que se tornan azules cuando sonríes. Pienso que estas demasiado dormida como para escuchar que estoy despierto. Tal vez podrías despertar, y mirarme, así yo moriría en mi dulce rendición, esa rendición en la que baso mi vida. No puedo parar de mirarte, en serio, no puedo. La tesitura de tu piel, blanca. No tan perfecta. Quisiera que mi respiración vibrara al ritmo de tu corazón. Ese corazón que puedo escuchar desde aqui, cerca, muy cerca. Casi puedo meterme en tus sueños, e instalar allí mi gobierno. Casi puedo tocarte, pero claro, no quiero interrumpirte, quien sabe, tal vez sueñas con libros, poemas, barriletes.
Sé que lo imposible de nuestra realidad no podría superar nunca el mundillo inventado por el que te mueves dormida. Lo entiendo, querida, lo entiendo. Intento no resentir la forma en la que te desligas con  alegre disposición de mi, de los chicos, de la casa que se cae a pedazos, de las insatisfacciones del trabajo de todos los días. No puedo odiarte por tu facilidad para desaparecer de tu propia mente. No puedo odiarte cuando te miro dormir, y te quiero tanto como la primera vez que te quise.  
Pero los años pasan,  y, después de un rato de estar despierto, es inútil negarlo. Cada mañana me despierto como si hubiese envejecido una década más. Cada vez duele más. Soy consciente de que esta enfermedad está a punto de ganarme a pulso, querida. Y por eso escribo esto, imaginando que, tal vez, lo encuentres y lo leas, y te sientas menos sola después de que yo haya partido. 
Quiza nunca entiendas el por que de mi partida. Nunca jamas, te he contado, ni te contare (claro, hasta que leas esto) que estoy enfermo. Muy enfermo. Tal vez, nunca me vaya, tal vez deberia empezar a creer en los milagros. Las palabras sobran, sobran mucho. Y los besos escacean. No quiero irrumpir en tu placido sueño. No quiero decirte que quizas esta haya sido nuestra ultima noche. Mi ultima noche. No te negare que siempre voy a estar a tu lado. No para perturbarte, claro. Tan solo, para que no te sientas sola. Sola, sola. Jamas lo estaras, no mientras que mi alma siga danzando entre el papil tapiz que elegiste para el cuarto. Tu cuarto, que supiste compartirme. Papel de arena, papel que con el tiempo se fue desgastando, desgastando como yo. Yo que con mis ultimos suspiros de felicidad te los he dedicado, como te he dedicado cada segundo de mi vida.
Pero que mi aparente resignación no te engañe, querida. No quiero morirme, no quiero que algo tan banal como la muerte rompa este encanto. No creo que eso sea posible, de cualquier modo. Ambos sabemos que hemos atravesado juntos todos los obstáculos que nos puso la vida, y no puedo evitar dudar de que este último escollo, mi partida, pueda separarnos de algún modo.

(perdon, se me fue al carajo la inspiración xD)

No hay comentarios:

Publicar un comentario